Biografia de Arnaldo Alejo

Yo, Arnaldo Alejo, nací un 10 de marzo de 1985, en una Venezuela próspera de la que solo queda el recuerdo. Soy hijo único, de padre portugués y madre colombiana, los cuales me proporcionaron una infancia a la que el adjetivo “feliz” se le queda corto. Yo me describiría como un niño de luz. Todos me querían y gozaban de mi compañía, y ya desde entonces empecé a interesarme por cómo funcionaba el cuerpo humano, y a cuestionarme el porqué de todo lo que me rodeaba.

En la primera adolescencia, con 13 años recién cumplidos, sufrí un accidente que cambió mi vida para siempre. Una explosión de gas me quemó el 75% de mi cuerpo, y mi cara y mis manos se llevaron la peor parte. Fue un momento difícil, pero con la ayuda de cirugías reconstructivas y una gran cantidad de esfuerzo, logré sobrevivir.

Sin embargo, las secuelas de movilidad y el pronóstico negativo de los médicos me hicieron creer que no podría volver a utilizar mis manos, y que prácticamente no podría volver a escribir.

Empecé una intensa rehabilitación diaria pero, al tiempo, sentí que me había estancado. No me rendí. De la mano de Soledad, la terapeuta de mi madre (mi gran pilar en la vida), llegué al mundo de las terapias naturales. Soledad tenía una escuela de terapias naturales (como yo tendría años después) y me animó a visitarla para intentar dar masajes con mis manos doloridas. Gracias a Soledad pude entender la arquitectura del dolor y a sentir mi cuerpo de una manera diferente, a comprender que mi insistencia en mover las manos era un error, que el cuerpo, en verdad, forma parte un ser único e indivisible, y que para recuperar el movimiento de mis manos debía fluir con toda mi corporalidad. A través de la reflexología, la acupuntura, el reiki, y estos nuevos conocimientos, comencé a sanar de manera natural.

Otro momento en mi vida que supuso un antes y un después vino por una cirugía complicada. Me había surgido una terrible infección en la espalda y, como ya había pasado por innumerables intervenciones, mi cuerpo ya había desarrollado una resistencia a la anestesia y los calmantes. La operación era cuestión de vida o muerte, así que me vi en la necesidad de dejarme intervenir prácticamente en carne viva. El dolor que sentí en aquella operación fue tal, que mi conciencia trascendió a mi propio cuerpo y me llevó a conectar con una dimensión superior. Gracias a ese estado encontré un nuevo yo.

En mi recorrido vital posterior vinieron más momentos difíciles: robos, secuestros, un atentado… incluso un accidente de avioneta donde casi pierdo la vida ahogado en el mar. A pesar de todo eso, logré sobreponerme y mantener una actitud positiva, y entender que mi propósito en la vida es, precisamente, ayudar a otros a encontrar esa paz y conexión superior, independientemente de las dificultades que enfrenten.

Yo acepto estos sucesos, que para otros serían terribles, como una bendición, porque me han otorgado el don de la RESILIENCIA, un regalo del Universo que me permite seguir creciendo y aprendiendo tanto de lo “malo” (porque en realidad nada lo es) como de lo bueno. Entender que lo importante no es lo que te sucede, sino cómo lo recibes.

A los 21 años llegué a Barcelona y, desde el primer momento, la ciudad me abrió los brazos. Allí empecé a trabajar en una escuela de terapias naturales y, al tiempo, tuve la oportunidad de quedarme yo al frente. Como maestro pude enseñarles a mis alumnos a ir más allá de lo meramente físico, a centrarse en la energía del paciente,
a poner atención a las emociones, a ser personas tratando a personas.
Mi escuela estaba siendo un éxito: el número de alumnos crecía y el nombre Arnaldo Alejo era sinónimo de profesionalidad, pero entonces apareció el monstruo de la burocracia estatal, en guerra abierta contra las terapias naturales. Desde el primer momento quise dar batalla y luché por mantener mi escuela a flote, pero esta vez fue imposible y, sobre todo, acepté el mensaje del Universo, que me decía que la escuela no era el lugar desde donde podría llevar a cabo mi misión en la vida, que lo mío no era ser un maestro, sino ser un guía.
Y llegó el covid.
No te descubro nada si te digo que la pandemia ha supuesto un duro golpe para el mundo entero. Mucho se ha perdido (también muchos se han encontrado), pero como buen hijo de la “fatalidad” (lo digo con ironía por la historia que te he contado) para mí ha supuesto un nuevo revulsivo que confirma los pasos que debo tomar.
Prácticamente desde el principio de la pandemia, adopté una actitud de silencio en redes y enfoqué todo mi tiempo y energía en seguir formándome y trabajar en mí; y sobre todo, me permití parar y SENTIR. Y ha sido precisamente ese permitirme sentir y experimentar con mi ser, lo que me ha llevado a conectar de nuevo con la energía Kundalini.
Después de más de un año formándome y practicando la activación de energía Kundalini, sus misterios, su magia y sus beneficios, he llegado a este nuevo proyecto llamado EKRA (Energy Kundalini Reconnection and Alignment), dedicado a ayudarte a ti y a todo aquel que lo necesite, a alinear su vida a través de la reconexión con su energía Kundalini.
EKRA es el destino donde convergen los diferentes caminos que he tomado a lo largo de mi vida hacia la conciencia espiritual, el autoconocimiento y la apertura emocional. En este camino, además, me he encontrado con personas maravillosas que vibran en mi misma frecuencia y con las que he formado un equipo.
El Kundalini ha cambiado nuestra manera de estar presentes en la vida. ¿Cómo
íbamos a quedarnos solo para nosotros esta experiencia? Después de todo, EKRA
es una bendición del Universo y, como tal, debe ser compartida.

¿Te atreves a sentir la experiencia EKRA conmigo?
¡TIENES QUE VIVIRLO!
EKRA (Energy Kundalini Reconnection Alignment) es el resultado de todo este periplo vital, una herramienta elaborada por mí y trabajada por mi equipo, para cumplir mi misión personal de ser un guía para quienes quieran transformar su vida a través de la energía Kundalini.